Hablemos de etiquetas y estigma

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La época de redes sociales, de apertura de las comunicaciones, creo que ha sido muy positiva porque más personas han podido hablar de sus historias, han podido motivar a otros, han compartido su conocimiento con muchos. Pero también me ha llevado a concientizar sobre realidades sociales, que antes no me detenía a observar.

Estoy hablando de las etiquetas sociales y los estigmas que pueden generarse respecto a realidades que muchas personas viven y que socialmente han sido catalogados como lo “no deseado” “lo incorrecto” “el fracaso”.

Pascale Marino en www.artsocial.cat  nos dice que el estigma social hace referencia a las actitudes y creencias que conducen a las personas a rechazar, evitar y temer a aquellos a quienes perciben como diferentes. El estigma social es un atributo que “convierte” a una persona en distinta de las demás, en alguien “menos apetecible” y hasta inferior con respecto a la figura de una “persona normal y corriente”.

Este tema podría ser desarrollado como una tesis doctoral, sin embargo hoy lo que pretendo es darle algunas ideas que me han venido revoloteando en la mente y que he conversado con Juan mi esposo en nuestras tertulias.

Y así uno de los principales estigmas o etiquetas sociales que he podido identificar está relacionado al peso y lo que socialmente se ha definido como un cuerpo saludable, lo que ha generado muchísimos juicios, inseguridades, miedos, problemas de auto aceptación, compasión.

Elisa Markhoff en su blog Sicología de la Nutrición nos dice “el estigma contra las personas obesas es real en todo el mundo, parecería que tenemos la impresión que si comiésemos sólo alimentos buenos, si hiciésemos más ejercicio, si nos sintonizáramos con nuestro apetito de manera intuitiva, si aceptásemos todo el tiempo a nuestras emociones, si hiciéramos yoga y meditación todos los días… entonces no seríamos nunca, nunca jamás gordas” lo que no necesariamente es así y lo que no quiere decir que las personas que sigan todas estas prácticas sean saludables o en algún momento de su vida puedan tener sobrepeso.

Así, la realidad de cada persona es diferente, su historia, su relación con las emociones, con la comida, con el trabajo, sus relaciones interpersonales, etc y eso no esta bien o esta mal, simplemente es de esa manera en esa etapa de su vida.

Hablando de etiquetas, estigmas, en este punto donde la obesidad tiene mucha tela que cortar porque socialmente se han establecido parámetros de cuerpos saludables, de ideales saludables, dejando a un lado realidades, hay un aspecto que me toca de cerca y que no puedo dejar de mencionar: la diabetes tipo 2 (como ya saben mi esposo vive con diabetes tipo 2).

Muchas personas con diabetes tipo 2 pueden llegar a sentirse culpables por un diagnóstico, por un mal manejo de la condición, o señaladas por muchas personas como que “no hiciste lo suficiente, es “tu responsabilidad” o “como te estás comiendo eso?” y es que la diabetes tipo 2 esta asociada a los hábitos alimenticios, al estilo de vida, pero también a otros factores como los hereditarios, lo que hace que hasta un deportista pueda ser diagnosticado con diabetes tipo 2, por lo que dirigir o encasillar el diagnóstico de esta condición únicamente a la comida, al sedentarismo es un error.

Sin embargo, a muchas personas les avergüenza, no quieren hablar de su experiencia o no quieren expresar que viven con diabetes tipo 2 por no querer ser juzgados o señalados como personas diferentes, poco responsables, pero creo fielmente que debemos tomar consciencia sobre esto, aceptar que todos vivimos realidades diferentes, algunos tienen un mejor balance de sus hábitos alimenticios, algunos canalizan sus emociones de una u otra manera y eso no nos hace mejores o peores personas, eso no nos hace culpables del contexto que vivimos.

Cuando alguien te mire con cara de “fue o es tu culpa” “tu eres el responsable” o peor te lo diga, manéjalo desde la empatía y piensa que aunque esa persona tal vez luzca “como socialmente se ha dicho que es correcto” o no viva con una condición como la diabetes, vive sus propios retos, inseguridades, miedos, etc, así que eso que no te perturbe, no te frustre, porque la realidad es que después de un diagnóstico, dos años de haber tenido a tu bebe sin perder esos kilos que ganaste o si has perdido muchísimo peso por una situación de estrés, sigues siendo esa persona con tantas virtudes, con sueños, un ser espiritual (aunque no medites o hagas yoga), que es mucho más que un cuerpo o una condición, lo que debes tener presente en cada minuto de tu vida.

Espero que estos pensamientos los ayuden en este camino y si, aunque yo no vivo con una condición como la diabetes también tengo mis inseguridades, mis miedos, me enfrento a etiquetas sociales y trato de trabajar en ellas. Creo que este post da para una segunda parte, así que voy a comenzar a escribirla 😉

Y tu, que que opinas de este tema? cuéntanos de tu experiencia enfrentando las etiquetas y estigmas

Un abrazo

 

 

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